Mario Moreno amplía información al artículo de Agustín Zamora "El Pozo del tío Raimundo"

Autor: Mario Moreno

Precisiones al artículo publicado por Agustín Zamora sobre "El Pozo del tío Raimundo" 

 

El artículo contiene una imprecisión en su inicio (bastante disculpable, por otro lado) que me gustaría subsanar.

Aunque el nombre del barrio podría hacerlo creer, no se llama así por su primer vecino. Es cierto que en tiempos hubo un pozo que se decía propiedad de alguien llamado "tío Raimundo" que, efectivamente, utilizaban los ganaderos que subían desde la ribera del Manzanares. Pero en aquel entonces no vivía nadie en el barrio.

Mi abuelo materno, José Cortina Cortina, fue el primer vecino del barrio, y es el asturiano que llegó en 1929 (aunque la fecha exacta tendría que consultarla con mi madre) procedente de la aldea La Piñera de San Félix, en Tineo (Asturias), compró un terreno y construyó con sus propias manos el famoso caserón de ladrillo rojo con una higuera que aparece en una foto muy famosa del barrio. El caserón estaba situado en lo que después fue la calle Tomateros, en el número 45 (en 1929, ni calle ni número ni nada, como comprenderán). Aquí hay una segunda imprecisión: una cosa era la Calle Tomateros, donde estaba la casa de mi abuelo, y otro, la Reguera de Tomateros, eran dos calles diferentes.

Mi madre nació en el barrio (quizá fue uno de los primeros niños que nació allí) y yo viví en él entre 1975 y 1995 (los 10 primeros años en aquel caserón rojo, los 10 siguientes en la calle Esteban Carros), momento en que mi familia abandona el barrio y se traslada.

Mi abuelo, natural en un ganadero y asturiano por añadidura, tenía un despacho de leche que los pocos vecinos viejos (pero realmente viejos) del barrio recordarán.

La confusión entorno a Tío Raimundo / José Cortina es bastante habitual y también el nombre de las calles: si no has vivido en el barrio es normal.

Lo de construir las casas por la noche me lo ha contado mi madre muchas veces. Al parecer, según la ley de entonces, no se podía derribar una casa si tenía cuatro paredes y un techo que se sostenían. Por eso la gente construía cualquier chamizo por la noche a toda prisa, que ya se ampliarían si sobrevivía al día siguiente. Por la mañana pasaba la pareja de la Guardia Civil, le pegaba una patada y si no se caía, era legalmente una casa. El vecino recibía una multa (que según parece no era muy alta). Si era la primera casa en la calle, la futura calle recibía el nombre del primer multado. Esa es la razón de los extraños nombres de algunas calles del barrio.

Mi deseo al escribirles este mensaje no es otro que aportar datos que conozco de primera mano por ser la historia de mi propia familia y no la tentación de corregir el trabajo ajeno.

 
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